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Su hijo falleció en el hospital…Pero 3 días después les llamó por teléfono y les pidió ayuda…


Los padres no estamos preparados para ver morir a los hijos, todos crecemos con la idea de que algún día le diremos adiós a nuestros padres, pero ¿qué pasa cuando un hijo se adelanta? Mike y Kerry Askin tuvieron que enfrentarse a la peor decisión de sus vidas, su pequeño hijo Dylan no estaba bien. 

Cuando Dylan nació no presentó ningún problema, pero cuando cumplió 3 años todo cambió, lo que comenzó como un simple resfriado pronto se convirtió en una pesadilla para los Askin, Dylan no mejoraba, no faltaron los cuidados de su madre, las medicinas a tiempo y el deseo de sus padres por verlo bien, pero nada de eso ayudó y en menos de un mes se le diagnosticó un grave cuadro de neumonía. 


Desde entonces ir a terapia intensiva se volvió parte de todos los días, su madre sólo iba a casa un par de horas para asearse, pero enseguida regresaba con Dylan, no importaba las veces que había cruzado la puerta, cada que lo hacía el sentimiento era horrible, ver a su pequeño, tan frágil, parecía que dormía, pero en realidad la enfermedad lo agotaba, no tenía fuerzas ni para abrir los ojos, respiraba lento y cuando escuchaba a sus padres claramente se veían lágrimas rodando hasta sus mejillas.    


Cada que su madre tocaba sus manos tibias y acariciaba su cabello, el corazón se le hacía añicos, un dolor muy fuerte estrujaba su pecho, sentía que el aire se le iba pero tenía que ser fuerte, tenía que sonreír porque su niño no podía verla débil, aunque en realidad se moría de miedo, ¿quién puede ser fuerte cuando ves que la persona que más amas está muriendo? cuando sabes que probablemente mañana no esté, que no se escucharán más sus risas, ¿quién se esconderá en las puertas de la cocina? ¿quién correrá a los brazos de papá cuando escuche el carro llegar? se estaba yendo y sus padres no podían hacer nada. 

Después de un par de semanas todo empeoró, no hubo otra opción que conectar a Dylan con un respirador artificial era la única forma de mantenerlo con vida, sin embargo, le daban ataques constantemente, cada dos semanas la preocupación de los padres era inevitable, hasta que aquella noche lo decidieron, les partía el alma ver a su hijo en esas condiciones, pero no iban seguir somentiéndolo a ese sufrimiento. Dylan estaba en coma, realmente su pequeño estaba muerto,  lo único que lo mantenía en este mundo era un aparato médico,  así que era tiempo de desconectarlo. La fecha estaba programada, en tres días sería desconectado, así que con un nudo en la garganta su padre entró a la habitación, era la la última vez que veía su corazoncito latir, temblando dijo: ¨Mi superhéroe, ahora te irás al cielo, no tengas miedo eres el más valiente, busca un buen lugar, pues te voy alcanzar y jugaremos¨, le dio un beso en la frente y salió.  En medio de lágrimas los padres comenzaron con todos los trámites legales y los preparativos del funeral... 


Su madre no podía hablar, hace apenas 3 años la vida le había dado la oportunidad de conocer ese bello rostro, ¿cómo hacer para decirle adiós a su olor? ¿cómo acostumbrarse a no escucharlo rondar por el pasillo? ¿quién se metería por las mañanas bajo las cobijas?  el día finalmente había llegado... Ambos padres estaban destrozados pero listos para salir al hospital a ver por última vez a su hijo, pero justo unos momentos antes de salir, sonó su teléfono. 


¡Nadie imaginó lo que pasaría! la voz al otro lado era la de su hijo. La madre cayó al piso y explotó en llanto, sentía que se estaba volviendo loca y fue en ese momento cuando el padre le arrebató el teléfono y escuchó aquella dulce voz. Unos segundos después una enfermera tomó el teléfono y le dijo, señor, su hijo a despertado y me ha pedido que les llame, quería hablar con ustedes, esto es un milagro. Inmediatamente ambos padres salieron al hospital y al llegar no podían creer lo que veían.  Los médicos no entendían lo que estaba pasando, pero fue claro que el pequeño volvió a la vida, tal parece que no era su tiempo y después de un par de meses ya estaba sano y feliz. 


A veces la vida puede ser muy engañosa y aunque creemos tener el control, termina sorprendiéndonos de una y mil maneras, lo importante es que la fe no muera, pues lo imposible puede ser más posible de lo que parece. Ahora su madre se lo ha plasmado por medio de un tatuaje que dice: ¡ESPERANZA!
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