7 heridas emocionales que podrían estar marcando a tu hijo de por vida. Mira cómo evitarlas


La mayoría de los traumas que sufrimos durante la etapa adulta son reflejo de lo que vivimos en la infancia; todos esos pensamientos negativos que ahuyentan la calma son conflictos no resueltos en los cuales debemos trabajar para encontrar la armonía y sanar a nuestro “niño interior”.

Es importante perdonar y lidiar con las heridas emocionales, resolver conflictos y soltar esas cadenas que hemos venido arrastrando a lo largo de nuestra vida, porque así como una persona puede aprender rápido una conducta reprobable, igualmente es capaz de desaprender y cambiar para obtener un beneficio mayor: la estabilidad emocional.

A continuación te muestro los temores que se viven en la etapa adulta y una sencilla manera en la que puedes comenzar a sanar desde adentro. No dejes que una infancia tormentosa opaque tu felicidad. 


1. Temor al abandono


Quienes durante la infancia sufrieron el divorcio de sus padres, el distanciamiento de sus seres queridos o tuvieron padres emocionalmente ausentes, tienden a desarrollar temor al abandono que los atormentará durante la adolescencia y en la edad adulta. Para estas personas es más complicado crear lazos afectivos duraderos, pues viven con temor e incertidumbre, preguntándose constantemente si las personas se quedarán en su vida o huirán.

Es importante aprender a distinguir entre un pensamiento basado en la fantasía y el miedo real; los temores de esta magnitud son alimentados por baja autoestima y temor al rechazo. Como método de defensa estas personas prefieren vivir en el desapego, pues así se protegen contra una nueva decepción. Es importante analizar este temor y de preferencia tratar esa situación en terapia; a veces para sanar tu presente es necesario desenterrar cosas del pasado. Puede ser doloroso, pero si este miedo irracional se trata a tiempo  podrás gozar del amor y la compañía de tus seres queridos.  

2. Inseguridad y miedo al rechazo


Las inseguridades de los hijos nacen del rechazo de los padres hacia ellos, así como de la falta de cariño o de las pocas demostraciones afectivas. Crecer en un ambiente violento física o emocionalmente tendrá efecto desmoralizador en los menores, que crecen sintiéndose poco valiosos e incluso indignos de ser amados por sus semejantes.

Muchas personas buscan la aceptación de sus semejantes de manera enfermiza y llegan a desarrollar la terrible codependencia, complaciendo a otros y viviendo para servir a los demás con tal de sentirse queridos. Recuerda que la gente que te ama en realidad no tratará de aprovecharse de ti, simplemente te aceptará por tus virtudes y cualidades humanas. Para superar este temor es necesario aprender a tomar decisiones por uno mismo y a distinguir entre quienes te aprecian de verdad y quienes sólo te buscan por conveniencia; pero sobre todo, siéntete merecedor de amor saludable y amistades honestas.

3. Miedo a la humillación


Este temor surge por las descalificaciones de los padres o de las figuras de autoridad en la infancia; pero es hora de dejar atrás esos miedos, recuerda que los insultos fueron hechos por personas inseguras y llenas de amargura, pues ningún adulto que llame “inútil”, “torpe” o “idiota” a un niño puede ser considerado un ser maduro y valioso.

Trabaja en tu autoestima. Aunque las palabras negativas son poderosas existe algo aún más grande que puede liberarte de todo eso: el perdón. Si aprendes a dejar en el pasado todo ese dolor y perdonas todo el daño que te hicieron, podrás vivir el presente a plenitud. Trata de ver esas vivencias duras como una experiencia que te ha hecho fuerte y ha marcado tu dirección en la vida. Recuerda que hoy eres consciente y tienes el poder de decidir cómo te afectarán esos insultos, lo mejor que puedes hacer es ignorarlos y seguir tu camino.

4. Desconfianza


Todos tememos a lo desconocido, la incertidumbre ante cuestiones imposibles de anticipar siempre generarán ansiedad. Ahora imagina lo que ocurre con los niños; cuando un pequeño es presionado para arrojarse a un ambiente desconocido sin darle tiempo a que se adapte, generará en él estrés e inseguridades, pues habrá aprendido que el cambio es algo violento, repentino y malo, sensación que lo acompañará por el resto de su vida.

Esta desconfianza se traducirá, en la adultez, en conductas de apego enfermizo como celos excesivos, agresividad, ataques de ansiedad y personalidad controladora. Es importante identificar esto y aprender a soltar, ya que no se puede tener el control de toda situación. La vida no es un tablero de ajedrez, es un espacio abierto que debemos disfrutar a plenitud. Aprende a confiar hoy. Si es necesario busca ayuda profesional, de lo contrario esos traumas arruinarán tu vida y sufrirás terrible soledad.  

5. Temor a ser traicionado


Es importante que seamos personas de palabra. Cuando prometemos a los hijos algo que no podemos cumplir estamos creando en ellos la sensación de decepción, incertidumbre, y alimentamos el miedo a la traición. Un niño pensará que todos los adultos pueden engañarlo en cualquier momento. Si sus padres, que lo aman, son capaces de traicionarlo, el mundo entero lo hará y se sentirá perdido.

Es importante sanar esta conducta y aprender que no todo el mundo miente, sino que hay personas que cometen errores y dañan. Pero lo mejor siempre es tratar de sanar esas heridas y continuar nuestro camino. Si vamos por la vida temerosos de ser traicionados no podremos amar a plenitud, hacer nuevas amistades ni encontrar la felicidad en la interacción humana.

6. Sufrimiento por causa de las injusticias


Hay adultos que viven apegados a las reglas, son inflexibles y autoritarios, buscan controlar la vida de quienes los rodean. Esta actitud es común en personas que sufrieron ese autoritarismo en su infancia, por lo que desarrollan temor a la injusticia ya que sus propios padres se encargaron de castigarlos constantemente imponiendo límites absurdos.

Este miedo a sufrir otra vez por las injusticias de los demás los orilla a vivir con sed de poder. Piensan: “si yo hago las reglas nadie puede obligarme a cumplirlas”. Es importante equilibrar esta situación, lidiar con ese temor y confiar nuevamente en los demás. Deja de pensar que todo el mundo busca verte caer, son tus miedos los que te hacen sentir de esa manera. 

7. Falta de control en las emociones


Como padres debemos guardar la calma en toda situación, pues nuestras actitudes y la manera en que lidiamos con los problemas es lo que aprenderán nuestros hijos. Cuando una figura de autoridad pierde el control delante de sus hijos, creará inseguridades y evitará que ellos desarrollen su inteligencia emocional.

Si pierdes el control con facilidad y no eres capaz de pensar racionalmente ante los problemas trata de buscar ayuda, ya que las reacciones repentinas pueden traer a tu vida serias consecuencias, afectar tus relaciones laborales, familiares y de pareja.

Verás que con paciencia, aceptación y mucho trabajo interno podrás sanar esas heridas que no te dejan vivir en paz. No dudes en buscar ayuda profesional y recuerda que el primer paso para superar el dolor del pasado es perdonar, soltar y desaprender.
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