Tú naciste para ser feliz, NO para ser perfecto. Mira cómo disfrutar tu vida y a tu familia


En las últimas semanas ha llamado mi atención la moda cultural de tratar de ser perfecto, y la idea que se nos ha compartido de que el lograrlo, por fin nos permitirá ser felices. Personalmente estoy en desacuerdo con esa idea. Creo que parte de la emoción de la vida es crecer, aprender, y a veces enfrentar retos que nos hagan batallar un poco, pues así podemos disfrutar mejor el sabor del resultado.



Las personas perfectas llevarían una vida aburrida, pues no tendrían retos ni lecciones por aprender, pero sobre todo se llenarían de frustración al tratar de alcanzar algo que no existe. Hoy quiero que te preguntes esto: ¿Prefieres ser perfecto o ser feliz? Te invito a que lo medites con lo que te contaré en las siguientes líneas.



Perfección en el trabajo, en la escuela, con la pareja, en nuestro propio cuerpo… todo eso distorsiona nuestra realidad y nuestros valores. Cuando buscamos la perfección sentimos que algo nos falta y nos impide ser felices. En sí la felicidad no es un destino sino un viaje lleno de experiencias. Por otra parte, la perfección nos hace tener expectativas tan altas que resultan imposibles de cumplir, nos llenan de frustración y hacen ver más grande cada uno de nuestros defectos. 


Algunos buscan la perfección porque sienten que así lograrán el aprecio y el respeto de quienes los rodean, quizá se sienten presionados porque consideran perfectas a esas personas y desean llegar a su nivel. Recuerda que la perfección no existe; ellos podrán aparentar mucho pero siempre hay algo que no sale como lo esperaban y que simplemente no pueden controlar. Además, lo importante no es que hagas felices a esas personas sino que te sientas feliz siendo tú mismo. Siempre habrá alguien inconforme con lo que haces o lo que dices, pero tú eres quien da valor a tus palabras y siempre serás quien tenga la decisión final al respecto. 


Todos podemos equivocarnos, y en cada uno de estos resbalones que la vida nos provoca tenemos oportunidad de aprender, de valorar lo mejor de la situación y de encontrar una solución que probablemente nos dará felicidad. 

En el libro “El aprendizaje de la imperfección”, escrito por el psicólogo Tal Ben- Shahar, se da peso a una idea que me parece maravillosa: abandonando la perfección conseguirás aceptar lo que la vida te ofrece y obtener el mejor partido. 


Habrá situaciones que no podremos afrontar, pero ¿qué hay de todo aquello que sí puedes controlar o donde puedes brillar por tu talento? Me referiero a aceptar tus emociones y sacar lo mejor de ellas. Del fracaso podemos aprender y de los éxitos podemos agradecer. Esta palabra me encanta porque nos hace enfocarnos en todo aquello que nos es posible.

Ser agradecidos dará más valor a nuestra vida. Un estudio de Robert Emmons y Michael McCullough, psicólogos de gran trayectoria, demostró que las personas que diariamente pensaban de 3 a 5 cosas por las que estaban agradecidas se sentían mejor que las que no lo hacían. Los psicólogos explicaron el fenómeno aclarando que se debe a que cuando somos agradecidos ya no necesitamos que ocurra algo extraordinario para ser felices, y que incluso los detalles más pequeños pueden emocionarnos. 


En el momento en que aceptamos que no somos perfectos y que jamás lo seremos, sentimos que una enorme carga deja de estar sobre nosotros, nos damos oportunidad de disfrutar cada instante y nos sentimos plenos. 

Aclaro que no tiene nada de malo tratar de sobresalir en algo, los éxitos también nos alimentan el corazón, pero no lo son todo. ¿Estás listo para dejar de intentar ser perfecto y ser completamente feliz?

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